I miss you
No, no estoy bien.
Echo de menos hablar contigo. Echo de menos nuestras conversaciones, esas que podían durar horas en la madrugada y en las que, sin darme cuenta, conseguías hacer que todo pareciera un poco más sencillo. Echo de menos tu voz, esa que tantas veces me hizo sentir acompañado.
Echo de menos tu increíble sonrisa. Esa sonrisa que quizá para ti no tenía nada de especial, pero que para mí podía cambiar por completo un día gris y hacerme sentir recomfortado.
Simplemente te echo mucho de menos.
Y lo peor es que intento seguir adelante, intento ordenar todo lo que tengo dentro, pero parezco un cubo de Rubik: mientras arreglo un lado de mi vida, se desmadra otro. Y cuanto más intento colocar cada pieza en su sitio, más me doy cuenta de que hay algunas que ya nunca volverán a encajar.
Quizá con el tiempo aprenda a vivir con tu ausencia. Quizá llegue un día en el que hablar de ti ya no duela tanto. Pero ahora mismo no puedo fingir que no me importa, porque todavía hay una parte de mí que te busca en las pequeñas cosas, en las canciones, en los silencios y en esos momentos en los que quisiera contarte algo y recuerdo que ya no estás, que ya no puedo contar contigo.
Y al final, quizá lo único que tenías de especial es mi forma de verte. Porque yo te miraba de una manera que convertía tus pequeños detalles en algo enorme. Tal vez no eras perfecto, tal vez no eras esa persona extraordinaria que imaginaba, pero para mí lo fuiste mientras te miré con mi propia mirada.
Y supongo que eso es lo que más duele: darme cuenta de que quizá no echo de menos solamente a quien eras, sino también a quien yo era cuando estaba contigo.































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