Convencerme a mi mismo
Cada vez me resulta más difícil entender todo lo que pasó... lo que has hecho... Cada vez me cuesta más justificarte, porque en el fondo sigo intentando convencerme de que en el fondo sigues siendo esa buena persona que creí conocer.
Durante más de tres meses contaste tu historia, la historia donde dabas a entender que habían abusado de ti. Estuve a tu lado sufriendo en silencio esa versión en la que me dabas a entender que alguien había abusado de ti. ¿Realmente creías que mi pérdida de peso era por un régimen que nunca hice?
Y no solo me lo contaste a mí, no solo era a un par de personas, semana tras semana íbamos sumando nuevos miembros a la lista de personas a las que dabas a entender que él había abusado de ti.
Pero esa historia no era real, era mentira, pura falacia. Tú elegiste libremente estar con esa persona, compartir su ducha, su cama y tener sexo con ella. Y no solo eso, le pediste exclusividad, le pediste que no estuviera más ni con el piloto ni con el joven compañero de trabajo. ¿Por qué? ¿Porque realmente te gustaba?
Pero, claro, toda tu historia se vino abajo cuando yo conté la verdad, cuando la verdad salió a la luz, cuando conté la versión llena de mentiras que tú me habías contado y que tus propios mensajes de WhatsApp demostraron que eran una gran falsedad.
¿Cómo pudiste mantener esa falacia durante más de tres meses? Me rompe por dentro preguntarme cómo pudiste sostener algo así durante tanto tiempo.
¿Y con qué me encuentro hoy? Con una nueva explicación, una nueva narrativa de lo que pasó: «que te dio vergüenza». Y que por eso inventaste esa historia para justificar lo que había ocurrido.
Entiendo perfectamente que, a tus 23 años, la vergüenza o el miedo a equivocarte te superen... pero llegar al extremo de acusar a alguien de algo tan grave y doloroso es algo muy difícil de asimilar. Si tanto miedo o vergüenza sentías, no logro comprender qué necesidad tenías de explicarlo a tanta gente, durante tanto tiempo, para encima sembrar en la gente la semilla de la duda, de la desconfianza, todo sembrado con el relato de mentira.
Y, aun así, cuando todo salió a la luz, preferiste mentir sobre mí, señalarme y acusarme de decir cosas que yo nunca he dicho, mentiste para quedar bien tú y me echaste toda la culpa a mí.
Tienes la inmensa suerte de que mi único límite siempre ha sido no hacerte daño. Por eso he preferido cargar en silencio con la culpa y quedar como el 'malo', antes que usar las pruebas que tengo para defenderme. Nunca he querido perjudicarte, y si lo he hecho ha sido porque no quedaba otra opción.
Sé que me obsesioné contigo, con protegerte, y me dolió hasta lo más profundo de mi alma el golpe de realidad que me diste al decírmelo; hasta ese mismo instante no me había percatado, no era consciente de ello. ¿Pero te has planteado que tú quizás también tienes parte de culpa?
Sé que la responsabilidad de mis actos es mía, pero todo lo que hice nació del deseo genuino de velar por ti. Confié en ti, creí en ti. Te conté una de mis heridas familiares que llevaba años sin revelar a nadie... y ver que usaste esa confianza para dejarme como un trapo me destroza.
Pero lo más triste de todo es que sigo sintiendo un cariño enorme por ti. Mi mente sigue buscando excusas para entenderte, defenderte y no soltarte, porque, como escuché hace poco: «¿Sabes qué es lo bueno de hacerme daño a mí? Que nunca te voy a odiar, que siempre voy a buscar la manera de justificar por qué hiciste lo que hiciste simplemente para no pensar que eres una mala persona».
Te deseo lo mejor, de verdad, de todo corazón. Y espero que todo te vaya genial en esta nueva etapa, me alegro de que el curso de surf fuera tan bien y que te abra las puertas de entrar en ese mundo. Te deseo lo mejor en esta nueva etapa y que en Canarias te vaya todo de lujo.































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